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| Una selección aumenta el sentimiento de pertenencia. Foto: BAER |
1. El sentido de la competencia. La disyuntiva de ser «cola de león» o «cabeza de ratón» se eterniza en ligas que no han buscado alternativas para crecer, pues la zona de comodidad que se han creado, las mantiene a flote con el mínimo de esfuerzo y de inversión, como les gusta a los ideólogos de la administración minimalista; no sé lo que se sienta en específico en una «liga grande», de hecho nunca he estado cerca de una así, pero imagino que es lo mismo que lo que sucedía al comparar en los ochenta a las discotecas, aunque nunca hubiéramos estado en el Studio 54 o en el Baby’O, sabríamos más o menos cómo sería el ambiente al haber entrado el la Telaraña: música semejante, luces de colores y estroboscópicas, apretujones con desconocidos, alcohol... Así que ser campeón aquí y en Guadalajara, sería lo mismo.
2. Ajustar las aspiraciones. Donde sí podríamos establecer una diferencia marcada, sería en ser seleccionado nacional, dado que por continuidad, los partidos de mayor exigencia y por tanto, de un mayor desarrollo de facultades, son más frecuentes en las grandes urbes, así también la infraestructura y la cantidad de jugadores disponibles, así que alguien de Guanajuato, Chiapas o Morelos, deberá esforzarse un poco más para acceder a esos niveles, tomando en cuenta que ni siquiera en el medio será tan conocido como alguien de Jalisco o Nuevo León. Es posible que las aspiraciones máximas de la mayoría, sean competir en una olimpiada nacional representando a su estado y deje la nacional a unos cuantos que no tengan trabas ni siquiera de traslado, pero si llegan, júrenlo que tendrán nuestra admiración.
3. Nulas posibilidades. No tengo idea sobre si hay diferentes categorías aparte de las usuales, donde los que no somos superdotados podamos aspirar a una representación nacional, como se da en el fútbol, puesto que si de algo adolecemos en el voleibol es de difusión oportuna, así que si me preguntan por un torneo de tercias o de cuartetas, lo único que podría decirles es que no tengo información de ninguno. Si lo pensamos bien, un torneo de tercias requiere de menos insumos y sus reglas pueden adaptarse para que los seis miembros de las escuadras jueguen, es decir, no hay por fuerza «titulares» y «reservas» y por las pausas que se pueden tomar en los partidos, es posible que hubiera menos lesiones; las canchas son más reducidas, lo que implica un mejor aprovechamiento del espacio.
4. Ser seleccionado. Una selección tiene varios caminos de acceso ya que se trata de una única categoría; para el voleibol, además del tradicional, existen en las dos ramas el de playa por parejas o cuartetas, el de tercias ya mencionado y el de cuartetas, estos dos se han enfocado más para categorías infantiles con la intención de introducir al juego a los niños, pero nada impide que se organicen partidos de adultos. Un proceso de selección trae consigo tanto la satisfacción de haber sido elegido como el compromiso de representar el desarrollo de la propia liga así como del equipo en el que se milita, al público no se le representa como tal, , sino que se le ofrece el mejor de los espectáculos mediante el mejor esfuerzo, la comunión creada así, es responsabilidad compartida. Salud.
Beto

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