jueves, 19 de junio de 2025

Yo tengo el trofeo

Algunas veces los valores adquiridos
no prevalecen. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Después de la euforia. Como a todo grupo que salió victorioso en el torneo anterior, la exigencia y la presión debían aumentar; ya nos conocíamos y sabíamos de lo que éramos capaces, por lo que los encuentros dominicales debían ser sólo un trámite; por supuesto, varios de nosotros estábamos en los últimos años en activo, por lo que resultó una gran satisfacción haber salido campeones el torneo anterior, así presumiríamos que todavía dábamos el do de pecho a la hora de fildear un balón. Como supusimos, los equipos contrarios se habían reforzado (así era como llamábamos al reciclaje de jugadores) y los partidos se volvieron más interesantes (así decíamos para no usar «difíciles»), la edad era todavía un número aunque las pomadas y las vendas dijeran lo contrario, aun con ello, volvimos a llegar a la final.

2. Casi los mismos. En la segunda temporada, después de haber obtenido el campeonato en la anterior, mantuvimos al equipo casi igual, sólo hubo dos cambios por cuestiones de trabajo, así que los suplimos con dos elementos de aquí, aquellos eran de Salamanca; la temporada nos mantuvimos más o menos igual con los contrarios en el mismo nivel que habían mostrado antes, por lo que el trámite de los partidos se solventó casi igual. Algunos salían inspirados y como había que pegarle al campeón pues nos jugaban a tope, lo que agregaba cierto sabor especial a los partidos, algunos de ellos me hacían pensar que nos convertíamos en los villanos del cuento nada más por el hecho de haber ganado el campeonato anterior, entendible desde la perspectiva de los desposeídos históricos.

3. Segunda llegada a la final. Como afirmaba líneas atrás, éramos casi los mismos, por lo que arribar a la última instancia del torneo pareció lo más natural; el previo estuvo cargado de pequeñas irregularidades y, cuando digo previo, me refiero a casi toda la competición. A los entrenamientos (casi tres) asistimos nada más Chava Acevedo y yo, lo que me ayudó a depurar mi técnica general, a las juntas de la liga (no a todas) también asistí y debo decir que no falté a ningún partido lo que me hizo el jugador más regular de ese campeonato, lo digo porque cuando se inició el siguiente torneo, el mismo día me enteré que ya no estaríamos juntos y yo fui el único que llegó con el uniforme puesto y me consideré con el derecho de quedarme con el trofeo, eso sí, les había aceptado la propuesta de rifarlo pero al final no se hizo.

4. Mis sospechas. Pudimos haber sido campeones por segundo año consecutivo pero justo a la pieza clave del equipo (después me enteré que le gustaba actuar como mercenario), se le ocurrió faltar justo el día de la final y no es que fuera indispensable, pero sí era capaz de poner la balanza en favor de los equipos en los que había militado, alguna vez escuché que era sumamente sobornable y por supuesto, imaginé que alguien le llegó al precio para que no llegara al partido, lo que nos hizo pelear más duro, pero no nos alcanzó para ser los ganadores como el año pasado. No tengo pruebas de lo anterior, claro está, pero si fue cierto y eso sucede a nivel amateur, ¿qué podemos esperar en el deporte profesional? Bien decían los viejos cuando había sospecha de que algo no caminaba como debía: «cuando el río suena, es porque agua lleva». Salud.

Beto

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