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| De las victorias, lo que más vale la pena es heredar la experiencia. Foto: BAER |
1. Desde la infraestructura. El punto de vista más extendido sobre el triunfo, esta basado en la riqueza que se pueda generar, algo neutral si entendemos que básicamente es la búsqueda del poder mantenernos a nosotros mismos y hasta ahí todo es plausible, sin embargo, cuando la acumulación del capital se antepone al cubrir las necesidades vitales, el «triunfo» se vuelve una carrera sin fin por ver quién tiene más autos, más viajes, más anécdotas, más trofeos... Una acumulación infructuosa si consideramos que el acto mismo de acumular es más importante que lo acumulado en el sistema capitalista y en sí, los trofeos de cualquier índole, no producen más trofeos. Parte de lo acumulado debe producir más, ya sea de lo mismo u otros bienes, por ejemplo, la experiencia que nos permite obtener victorias.
2. Compañeros y pupilos. Es cuestión de educación, de que los mayores hayan inculcado el deporte (y su espíritu) a los nuevos integrantes de cada familia, teniendo en cuenta el carácter, las facultades físicas, la fortaleza mental, los insumos y los posibles alcances con todo ello; un buen jugador no se forma con entrenamiento y exigencia nada más, los niños deben tener la opción de jugar con diversos instrumentos para que descubran con el tiempo a cuál le gustaría dedicarle su atención. Lo anterior es necesario para que puedan seguir divirtiéndose con su práctica deportiva y puedan integrar herramientas de otras disciplinas para que tengan un mejor desarrollo integral, que el ganar o perder es circunstancial, lo importante es hacerlo con honor.
3. Hay opciones. Ganar no es sólo acumular puntos, sets y partidos, nada tiene que ver con vitrinas llenas de trofeos, es más el haber quedado en la memoria de los demás como una buena persona dentro y fuera de las canchas, ejemplos de ello tenemos muchos a los cuales no mencionaré para no cometer la grosería de omitir a alguno, pero que han dejado un legado digno de que salga a la luz a la primera oportunidad, como el de Arturo Guerrero en el básquetbol, el de Frenando Valenzuela en el béisbol, el de Paola Longoria en el ráquetbol, Alexa Moreno en gimnasia, Lorena Ochoa en golf, Soraya Jiménez en halterofilia, Alejandra Valencia en tiro con arco, Paola Espinosa en clavados, Juan Manuel Márquez en box y no terminaría con la lista porque en todas la épocas ha habido el menos uno.
4. Todo es mental. Esto es importante porque, aunque tengamos un físico de campeonato, nada garantiza que en cada partido estemos funcionando al cien por ciento, mentalizarnos requiere de una técnica y de creernos que es factible la concentración en un objetivo y el empeño para lograr la meta, durante ese proceso iremos midiendo a qué niveles podemos competir y de qué manera lograremos mantener o incrementar nuestras facultades. Pensar que somos buenos y que podemos con todo no se da en automático, ni siquiera requiere de un gran porcentaje de nuestro esfuerzo, pero esa «minucia» es lo que da sustento a todo lo que realizamos con nuestro cuerpo, que nos mantiene en competencia y que nos impulsa a dar más cuando brazos y piernas parecen no responder; magia, para todo. Salud.
Beto

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