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| La camaradería puede tener varios rostros. Foto: BAER |
1. Figuras inalcanzables. Cuando empezamos a interesarnos en un deporte, quisiéramos que aquellos secretos que ostentan los buenos jugadores, nos fueran revelados de un jalón para volvernos como ellos en un dos por tres, pues lo que nos importa es empezar a jugar al nivel que observamos en ellos; nos daremos cuenta que el proceso no es mágico, ni siquiera fácil, pero entre más rápido nos percatemos de que más que talento, necesitamos paciencia para empezar a ver resultados en el mediano plazo. Por supuesto, los factores que nos permiten llegar a la meta son muy variados y dependen de las circunstancias de cada uno, guiados por el interés y la voluntad de no cejar en los esfuerzos, de lo contrario, las figuras que admiramos seguirán colocadas en el nicho en las que las pusimos.
2. Los referentes. Me he perdido de muchos en estos veinte años porque las urgencias les ganaron a los importancias, es lo malo de acostumbrarse a comer tres veces al día, sin embargo, podría pensar en jugadores como el Archi o el Coloso (de quienes nunca supe su nombre), del doctor León, de Coco, los hermanos Ortíz, de Silvia Tinoco, las Barrio y muchos otros que nos servían de referente tanto como jugadores como entrenadores; a pesar de que la diferencia de edades no era mucha, la experiencia deportiva distaba años luz como para pensar en igualarlos de alguna manera pues además, su vida activa se caracterizó por ser longeva, un ejemplo de ello fue la maestra Irma Bañuelos, de quien me precio de haber conocido, así como a otros miembros significativos de su familia.
3. Contrincantes de cuidado. La admiración hacia un jugador nos ciega a veces y le adjudicamos poderes que pudieran no tener, por lo tanto, cuando nos encontramos con un elemento que opaca su desarrollo, en automático se vuelve el villano; es muy común que el detectar a un equipo o jugador bueno, los cataloguemos como los malos del cuento, cuando su único pecado es jugar mejor que los demás, lo cierto es que cargamos con el estigma del débil hacia todos los ámbitos de nuestra vida y nos genera un placer morboso el que se cumpla la fantasía de que David venza a Goliat, que puede suceder, pero no es una regla. Identificar a un equipo o a un jugador buenos es relativamente sencillo ya que parecen infalibles y tienen tal control de sus emociones, que los vuelven muy peligrosos.
4. Compañeros entrañables. Todos, en los equipos que estuve desde la secundaria, han tenido un lugar especial en mis afectos, pero el equipo de la universidad reunía todas las características que a mí me llaman la atención, era alegre, decidido, puntual y abierto a todo, deportivamente hablando; éramos buenos, no de ésos que tienen facultades extraordinarias, sino del tipo que lo da todo por hacer que sus compañeros se diviertan y que los contrarios no se sintieran humillados a pesar de que no pudieran ganarnos e insisto, no porque fuéramos mejores que ellos en lo individual, sino en lo colectivo. Nuestros festejos por punto, nuestra alegría interminable, nuestro sentido de que todo el universo cabía en ciento sesenta y dos metros cuadrados... y así era. Salud.
Beto

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