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| La espera de una liga profesional sigue. Foto: BAER |
1. No parece mucho. Ya concluida la competición, la tabla general del Campeonato Mundial de Voleibol Femenil sub-19 ubica a nuestras representantes en el décimo segundo puesto, con lo que entendemos que se ha avanzado tanto en la categoría como en el voleibol en general; el puesto aún está retirado de lo que pudiéramos desear como aficionados, sin embargo, pareciera que las integrantes de esta selección tienen un objetivo claro respecto de su práctica deportiva. Quizá las veamos pronto en algún equipo europeo o caribeño de ligas fuertes que, con su exigencia, puedan mejorar sus desempeños en la cancha; por otro lado, ojalá tuviéramos acceso a transmisiones de la indefinible liga profesional en la que participan las que no les es posible salir del país, un último deseo, ojalá que así como contamos con los equipos de básquetbol, también haya aquí de voleibol.
2. Lejos del 2007. Revisando los registros que wikipedia ofrece sobre este torneo en particular, resulta que nuestro país cuenta con la organización de un campeonato sub 19 femenil de hace dieciocho años, sorpresa, felicidad y frustración se agolparon en mi garganta pues parece entonces que no somos capaces de mantener un nivel competitivo parejo ni mucho menos, el nivel de difusión que eventos como ése se merecen. En esa ocasión la escuadra nacional logró el lugar número trece, lo que nos dice que en realidad no hemos avanzado, aunque nos mantenemos en un mismo rango de competencia. Es posible que seamos considerados un equipo local o regionalista, pero eso nos indica que debemos trabajar de otra manera ya que lo hecho hasta ahora, no nos ha servido para estar a la par de potencias como Brasil o Estados Unidos.
3. Más preparación. Cada atleta, cada jugador que no logra cumplir con sus expectativas, saca del cajón de las justificaciones la misma frase «necesitamos seguir trabajando», la cual tiene mucho de razón, sin embargo, algunas veces parece un pretexto para tapar carencias institucionales que tienen que ver con la falta de recursos por algún tipo de corrupción; ese mal parece endémico, por lo general, dejando a los atletas como las víctimas de un proceso que se repite y continúa como si no hubiera alternativa. Para el caso particular del voleibol, existe la confianza (también perpetua) de que las cosas cambien, al menos en ciertos esfuerzos particulares, inspirados o iniciados por aquellos jugadores que han tenido la oportunidad de salir y experimentar otras formas de ejercer el deporte.
4. Círculo virtuoso. La conjunción de los resultados obtenidos recientemente en los torneos regionales, más la alta difusión que parece empezar en los medios alternativos, podrían tener para el voleibol mejores tiempos en nuestro país y con ello, un fogueo de alto nivel; afición la hay, todos dispuestos a consumir lo relacionado con el deporte que sólo espera un pretexto para reposicionarse en el lugar de privilegio que parecía haber perdido en los medos de difusión, sin embargo, en las arenas y en los gimnasios, sigue siendo nutrida como para pensar en alternativas de negocio. De la manos del básquetbol profesional, se puede pensar en un bloque que ofrezca el espectáculo que un estado como Guanajuato necesita para redondear su oferta turística y de negocios, total, soñar nada cuesta. Salud.
Beto

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