jueves, 11 de diciembre de 2025

Adquisiciones de poder

No nos repitan las cosas como si fuéramos
retrasados mentales. Foto: BAER

Irapuato, Gto.-

1. Ser dirigente. En el deporte, como en la vida, la búsqueda del poder responde a la necesidad de compensar alguna carencia, depende de la manera en que se haya solucionado o si se convirtió en un trauma, será la vehemencia con la que se intente poseer; dirigir a una asociación o a una liga parece ser muy atractivo, pues hay algunos que se aferran al puesto como si de ello dependiera la subsistencia de la cultura entera; entre más dinero maneje esa asociación, mayor poder y prestigio tendrá su dirigencia. Lo anterior suena lógico en el mundo profesional, pero en el aficionado sucede lo mismo y no manejan las grandes bolsas que aquellos, ahora bien, podría ser que los apoyos municipales o estatales sean tan buenos, que vale la pena darse una «quemadita» por meterles mano.

2. Siendo porrista. Hay un poder latente, sordo, que se impone a las estructuras al menos por un instante, cuando siente que el equipo le pertenece por el derecho que le da el invertir su tiempo, su necesidad de pertenencia, su deseo de triunfo y, por supuesto, su dinero. El porrista no es un aficionado más, él sabe del juego porque comparte (o compartió) la cancha con esos seres que idolatra, en otra trinchera claro está, pero están juntos en su mente cuando intenta con sus limitantes, realizar las mismas hazañas. Desde la tribuna, exige entrega y buen desempeño porque eso precisamente dio en sus propias batallas tan sólo la semana anterior o hace veinte años y no cobra por hacer lo que le gusta, por lo tanto, ellos que sí lo hacen, deberían brindarse con más ganas.

3. En la cacha. El rectángulo anaranjado impone sus ritmos y sus jerarquías, el poderío se demuestra con el buen manejo del balón, el respeto por el rival y la escucha del líder en cada equipo; el poder se obtiene mediante la constancia, el mantener un nivel que haga que los demás confíen en que serán protegidos y asistidos y, sobre todo, tener entusiasmo contagioso. Tener poder en la cancha no significa mandar, sino convencer de que las cosas hechas en equipo son factibles y valen la pena, que los obstáculos son salvables tanto en lo individual como en lo colectivo y, por consecuencia, ser reconocidos en la tribuna. Tener poder responsabiliza de tal manera que envuelve a quien lo porta, en capas de idealización manufacturadas con las esperanzas de quien no pisa la cancha.

4. Detrás del micrófono. Las cabinas de transmisión se vestirán de gala y los posibles locutores sacarán a relucir sus mejores palabras que se convertirán en fórmulas de animación y hasta en muletillas para repetir en cualquier ocasión; lo anterior es el lado oscuro de las transmisiones, cuando la inventiva se estanca al suponer que se ha encontrado la panacea de la narración deportiva, por lo que debemos esperar que en las que van a tocarnos, salgan del simple «buscó manos» y se vuelvan un poco más técnicas, sin que eso implique que todos debamos conocer de antemano las palabras que van a utilizar, una explicación de lo que pretendan no nos caería mal. Para lograr un entendimiento entre cronista y público, debe el primero dejar de suponer que el segundo tiene la obligación de saber de qué está hablando. Salud.

Beto

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